jueves, 4 de septiembre de 2014

Una historia de bondad

MUSICA SOBRE LA BONDAD.




Tu Bondad.



Kari Jobe.



Tu bondad me lleva a arrepentirme
Tu dulzura me acerca a Ti
Tu perdón es mi inspiración
Me deleito en Tu amor

Al despertar, yo Te alabaré
De mi corazón Te cantara

Que bella es Tu bondad
Y por siempre es Tu misericordia

Tu bondad es para siempre
Tu dulcura es para siempre
Tu perdón es para siempre
Y por siempre

REFLEXION SOBRE LA BONDAD.






Ese es el perrito que yo quiero comprar

Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños, y pronto un niñito apareció en la tienda preguntando: "¿Cuál es el precio de los perritos?". El dueño contestó: "Entre 30 y 50". El niñito metió la mano en su bolsillo y sacó unas monedas: "Sólo tengo 2.37... ¿puedo verlos?".

El hombre sonrió y silbó. De la trastienda salió su perra corriendo seguida por cinco perritos. Uno de los perritos estaba quedándose considerablemente atrás. El niñito inmediatamente señaló al perrito rezagado que cojeaba. "¿Qué le pasa a ése perrito?", preguntó. El hombre le explicó que cuando el perrito nació, el veterinario le dijo que tenía una cadera defectuosa y que cojearía por el resto de su vida.

El niñito se emocionó mucho y exclamó: "¡Ese es el perrito que yo quiero comprar!". Y el hombre replicó: "No, tú no vas a comprar ese cachorro, si tú realmente lo quieres, yo te lo regalo". Y el niñito se disgustó, y mirando directo a los ojos del hombre le dijo: "Yo no quiero que usted me lo regale. El vale tanto como los otros perritos y yo le pagaré el precio completo. De hecho, le voy a dar mis 2.37 ahora y 50 centavos cada mes hasta que lo haya pagado completo".

El hombre contestó: "Tú en verdad no querrás comprar ese perrito, hijo. El nunca será capaz de correr, saltar y jugar como los otros perritos". El niñito se agachó y se levantó el pantalón de su pierna izquierda para mostrársela, cruelmente retorcida e inutilizada, soportada por un gran aparato de metal. Miró de nuevo al hombre y le dijo: "Bueno, yo no puedo correr muy bien tampoco, y el perrito necesitará a alguien que lo entienda".

El hombre estaba ahora mordiéndose el labio, y sus ojos se llenaron de lágrimas... sonrió y dijo: "Hijo, sólo espero y rezo para que cada uno de estos cachorritos tenga un dueño como tú".



En la vida no importa quién eres, sino que alguien te aprecie por lo que eres, y te acepte y te ame incondicionalmente. Un verdadero amigo es aquél que llega cuando el resto del mundo se ha ido.

FRASES SOBRE LA BONDAD.


FRASES SOBRE LA BONDAD.




La bondad es la única inversión que nunca falla.


La sencillez, la bondad, la fe, el amor y la alegría, son magníficas piedras para edificar la casa de la vida.


La bondad o la maldad de los actos la determina su fruto.


Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio.



Todo acto de bondad es una demostración de poderío.


Con bondad, se adquiere autoridad.


La confianza en la bondad ajena es testimonio no pequeño de la propia bondad.


En la bondad se encierran todos los géneros de sabiduría.


La bondad es el principio del tacto, y el respeto por los otros es la primera condición para saber vivir.


La gente que cesa de creer en dios o en la bondad todavía suele creer en el demonio. No sé por qué. O sí lo sé: la maldad es siempre posible, la bondad es una dificultad eterna.


El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad.


El matrimonio es la escuela segura del orden, de la bondad, de la humanidad, que son cualidades mucho más necesarias que la instrucción y el talento.
¿en qué consiste la bondad? en amar a todos los hombres.


 Querer llegar a ser bueno es
gran parte de la bondad.



LA BONDAD EN LA CONDUCTA.

La bondad en la conducta



Hemos comprobado que la bondad está en las cosas; que no es una invención de la mente o fruto del capricho de la voluntad. Sobre lo que es bueno o malo no caben opiniones, a no ser por ignorancia de la realidad. Precisamente concluíamos que existe un criterio objetivo: es bueno lo que acerca a Dios; es malo lo contrario.


Porque Dios es nuestro último fin, es decir, donde, en último extremo, se halla nuestra perfección. De modo que en la medida en que podemos saber qué es lo que acerca a Dios, podemos también saber qué es lo bueno.

Ahora bien, una cosa es la bondad de "las cosas", y otra la bondad de los actos humanos que inciden sobre las cosas o permanecen en el interior de nosotros mismos. Esta última es la que nos ha de ocupar en este artículo; y es del mayor interés, porque con nuestras acciones es como nos labramos la perfección personal o la ruina. La cuestión es: ¿cuándo son buenos los actos humanos? ¿qué condiciones se requieren para poder calificar de moralmente buenos a nuestros actos? ¿de qué depende su bondad? ¿cuándo nos acercan o separan del último fin, que es Dios?

Lo primero que hemos de tener en cuenta al examinar nuestra conducta en vistas a su calificación moral es lo que hemos hecho, es decir, el "objeto" de nuestro acto: ¿Es bueno ese objeto?, porque ya vimos que el bien es algo objetivo, como "la propia ley divina, eterna, objetiva y universal, por la que Dios gobierna el mundo universo y la comunidad humana" . Por eso se dice 
que "el objeto es la primera fuente de moralidad". ¿Está conforme lo que he hecho con la objetiva ley divina, natural o evangélica?.

Esta es la primera pregunta necesaria; pero no sólo el objeto -lo que hacemos- es fuente de moralidad. No basta la consideración del objeto para saber si un acto humano es moralmente bueno o malo. Es más -enseña Juan Pablo II-"la moral -lo que es moral- es cosa esencialmente íntima, interior", reside en la conciencia y en la voluntad, que es donde, con sus actitudes y elecciones se expresa el "hombre interior" .

LA FALTA DE BONDAD.


«LA FALTA DE BONDAD»











La falta de bondad es consecuencia del egoísmo, la mezquindad y la ausencia de grandeza humana.



El que no es bueno es incapaz de sentir compasión y ve a los demás como rivales ó enemigos en potencia, a los que sería una imprudencia ayudar, y de los que hay que cuidarse en extremo.



Se siente más seguro cultivando la desconfianza, el rencor y el odio que la simpatía ó la amistad, y prefiere anular ó destruir a sus semejantes que conocerlos ó dialogar con ellos, a menos que pueda sacar algo para su propio provecho.



La falta de bondad nos deshumaniza y nos convierte en personas indeseables e insensibles, con las que la vida en comunidad se torna difícil e incluso peligrosa.


lunes, 1 de septiembre de 2014

CUENTO SOBRE LA BONDAD



LA LIMOSNA DEL NIÑO


En las montañas del Tibet, un grupo de niños se dedicaba a jugar en un puente cercano al pueblo en que vivían. Todos habían llevado consigo sus loncheras, menos el más pequeño, que había salido corriendo feliz detrás de los otros sin dejar que su madre pudiera alcanzarlo para darle la suya.
Mientras los otros niños hacían cometas, barriletes y figuras de animales en papel, el pequeño amasaba unos simpáticos pastelitos de barro.
A media mañana sintieron hambre y cada uno se acordó de su lonchera. Cuando se disponían a comer, oyeron un ruido de algo que golpeaba contra las piedras del puente. Asustados, voltearon a ver de qué se trataba y observaron la figura de un ser enorme y muy grueso que se acercaba tanteando el piso con un palo. Los más nerviosos pensando que se trataba de un malvado ogro de las montañas, corrieron y se escondieron debajo del puente. Los demás se quedaron esperando a ver qué pasaba, paralizados por una extraña emoción, mezcla de miedo y curiosidad. Entre ellos estaba el niño de los pastelitos de barro.
Luego de unos eternos segundos de tensión, el misterio se aclaró. El temible ogro resultó ser un pobre hombre ciego y hambriento que llevaba un día y una noche perdida en los solitarios y escarpados cerros que rodeaban el pueblo, según les contó a los niños que se atrevieron a acercársele.
Los niños, también eran muy pobres, sintieron compasión por el hombre y separaron una parte de sus loncheras para dársela. Sólo el pequeño no tenía nada que darle. «yo también le daré de comer» gritó, lleno de alegría. «pero si tú no tienes nada» le contestaron los otros niños, mientras le entregaban un bocado de sus respectivas meriendas al ciego.
Sin hacer caso, el niño esperó su turno y, con una radiante sonrisa, puso en manos del mendigo uno de sus pastelitos de barro. Cuando el ciego abrió la mano, el pastelito se había transformado en una reluciente moneda de oro.